me patinan los tiempos
Anoche tuve una horrible pesadilla (me explotaba la cabeza) con un golpe de suerte. Desperté con el mismo dolor que anestesié con una aspirina.
Salgo a la calle, tormenta (y yo con mi miniparaguas "el debilucho para imprevistos", el de llevar en el bolso sin pisparte). Lluvia-viento-coche-charco, parecía una escena de película ¡No se consuela el que no quiere! Me puse como un pingo, era de esperar, estaba al borde de la acera.
El taxista mayor, amable aunque discrepando (casi mejor, sino vaya empalague). No me dijo lo que adoraba a su mujer después de tantos años, no hizo falta. Dijo que a pesar de haber llegado a El Fin del Mundo, allá por el norte, seguían viajando con su todoterreno para descubrir juntos nuevos paisajes. Y me habló de la escasez de tiempo y de la necesidad de saber aprovecharlo.
